24 ene 2013
16 ene 2013
Mi suéter
Ya es tiempo, es hora. Así que me preparo y no es una despedida fácil, me ha costado y la he alargado lo más que he podido, he negociado a través de mails, mensajes breves, propuestas sin respuestas pero hoy es el día.
Me preparo para enterrarte, siento como si fuera a dejar un suéter, uno del cual estoy absolutamente segura siempre me quita el frío y me queda perfecto porque no me aprieta ni me queda flojo. Es calentito y suave. El problema es que ése suéter ya no esta mas en mi armario, no se me perdió simplemente un día decidió irse, porque es un suéter con ideas propias. Es voluntarioso y muy independiente, y aunque mi cuerpo dependiente lo pide con gritos silenciosos el suéter ha decidido no regresar más.
Ni siquiera podré enterrarlo enterrarlo porque ya ni siquiera lo tengo pero si tengo que hacer una sepultura representativa, para darle credibilidad al asunto. Le digo adiós a todo lo bueno que me dio ése suéter porque a mi edad se que las cosas no duran para siempre y que todo en algún momento se acaba. Adiós querido suéter no me quedas ni grande ni chico ni estas agujereado ni gastado ni me aburriste, es sólo que como tú bien me lo dijiste eras un suéter de una sola temporada.
7 ene 2013
AÑO VIEJO
El año que se ha ido nada me pudo dar
y lo que era mió lo perdí sin remedio;
abundaron mis días en instantes de tedio
y cante por inercia, dolorosa cantar.
El año que se ha ido me miró naufragar
sin una hora blanca de plácido intermedio;
no disfruté, sereno, justo termino medio
y, despertó, en abulia, me olvidé de soñar.
Días grises, perdido en rudo mendigar
cediendo ante el abrazo del dolor en asedio;
sufriendo la vergüenza de rodar y rodar...
Hambre viva en horrible pesadilla, y mirar
que lo que era mio lo perdí sin remedio.
El año que se ha ido nada me pudo dar.
Mi abuela
Me encontré este papelito escrito a máquina por mi abuela, la fecha no la sé. Me gusta pensar que el gusto de escribir lo heredé de ella y sus tías.
y lo que era mió lo perdí sin remedio;
abundaron mis días en instantes de tedio
y cante por inercia, dolorosa cantar.
El año que se ha ido me miró naufragar
sin una hora blanca de plácido intermedio;
no disfruté, sereno, justo termino medio
y, despertó, en abulia, me olvidé de soñar.
Días grises, perdido en rudo mendigar
cediendo ante el abrazo del dolor en asedio;
sufriendo la vergüenza de rodar y rodar...
Hambre viva en horrible pesadilla, y mirar
que lo que era mio lo perdí sin remedio.
El año que se ha ido nada me pudo dar.
Mi abuela
Me encontré este papelito escrito a máquina por mi abuela, la fecha no la sé. Me gusta pensar que el gusto de escribir lo heredé de ella y sus tías.
27 dic 2012
Síndrome de abstinencia
Me siento bastante ansiosa y apenas es el segundo día ¿Cómo harán los fumadores? Los fumadores de verdad digo, esos que se fuman por lo menos una cajetilla diaria. No, no estoy dejando de fumar, es tan sólo una metáfora que se me ocurrió y que se asemeja bastante a lo que me esta pasando ahora. Leí en algún lugar que aquello a lo que no le das poder en tu mente no afecta tu vida, y eso estoy tratando de hacer estos últimos dos días. Hace varios días que tengo insomnio, y la única manera de dormirme es comenzar a fantasearte, si la fantasía me induce el sueño, ¡Qué sano lo mio!. Y bueno para ser sincera no es únicamente en mis días de insomnio, sino cuando estoy bañándome, frente a la compu, comiendo sola, en momentos de ocio en el trabajo, incluso cuando estoy con amigos o el peor de todos en algún bar. Tengo todo un arco iris de fantasías respecto a ti y depende de mi humor elijó una diferente cada noche. La que me gusta un poco más es pensar que te conviertes en una especie de célibe, digo, que te vuelves una especie de buda moderno que busca la paz consigo mismo y el cosmos, lo encuentras en las pequeñas cosas mientras vas triunfando en aquellas características de los mortales. Otra que me gusta, sobre todo cuando fue un día pesado es imaginar que nos encontramos en un futuro de mediano plazo, por esos efectos mariposas que se dan todos los días y que nos parecen imperceptibles a los que andamos dando vueltas por ahí. Nos echamos una plática, unas miradas y después todo se va tejiendo de nuevo. O a veces, cuando tengo un calorcito por todo el cuerpo, uso imágenes de los dos, y las coloco en nuevos escenarios, como cambiar el fondo dejando la misma coreografía. Y entonces imagino tus labios, y trato de recordar tu aroma y como se sentían tus brazos, la forma de tus labios en los míos, tus sonrisas entre medio y el vaivén de tus movimientos, ésa última es la que mejor funciona para atraer a morfeo.
Así que hace dos días estoy con falta de nicotina, y no es porque cuestiones de salud sino mas bien la determinación de dejar el salvavidas en el que lentamente y sin pensarlo te convertiste durante todo este año, y como a nuevo año nueva cara, habrá que dejarlo en medio del mar, ya sea que llegue a la orilla de una isla o se quede vagando por siglos y siglos enteros en un mar que a veces actúa como pacifista y otros como un guerillero.
30 nov 2012
¿CONOCES A LOLA?
Mi vista comenzó a nublarse por los puntitos de color negro que
fueron apareciendo hasta dejar todo en algo más obscuro que la tiniebla misma.
Poco a poco escuché el sonido seco que golpeaba la puerta del departamento. al
tiempo que observaba mis manos y mi ropa teñida de un color rojo oscuro. Recuerdo
los gritos, arañazos, golpes y finalmente la vi, ésa piedra pisapapel que permanece
inerte en el suelo, haciendo silencio para que nadie note que fue ella quien
dio el golpe de gracia, poniendo su cara más inocente.
A Lola, de nombre completo Dolores en honor a su abuela
materna, la conocía desde hace quince años. Era mi mejor amiga y también mi
mejor enemiga. Nos conocimos cuando las dos teníamos siete años. Recuerdo que
lo primero que me dijo fue: ¿Por qué tienes los cachetes tan grandotes? y
después agregó ¿A poco no te han comprado la nueva Barbie doctora? Sin maldad, sólo
estaba siendo Lola. -¿Cómo nos hicimos amigas?- me pregunta el oficial. Pues ni
yo misma lo sé, supongo que fue por todas las tardes que pasamos jugando en su
casa o la mía, solo 2 rejas nos separaban. Vivíamos en una colonia de clase
media que soñaba con ser de la alta, en donde los papás salían trajeados desde
muy temprano y las mamás se quedaban en casa.
Todas las niñas del salón la invitaban a comer los viernes para
jugar a armar casitas de las Barbies.
Ella siempre iba con la niña que tuviera más juguetes y con la mamá que
cocinara más rico. Yo también tenía amigas, pero nunca tantas como Lola. Las
monjas del colegio muchas veces la invitaban a desayunar con ellas, porque era
una niña ¡tan bonita y tan güerita!, decían.
La mamá de Lola siempre hablaba de los viajes y fiestas que
había hecho de joven, y por esa razón cuando Lola cumplió los quince se
gastaron todos los ahorros en una fiesta elegante y a la vez cargada de
detalles, que dieran cuenta de que Lola era de buena familia y llegado el momento
se iba casar con un “niño bien”. Además de la fiesta sus abuelos maternos le
regalaron un viaje a Europa en el verano. Al entrar a la escuela, no se habló
de nada más que Lola en la Torre Eiffel, Lola en el Arco del Triunfo, Lola en
el Coliseo Romano, Lola en el Gran Canal, Lola en el muro de Berlín, Lola,
Lola, Lola. Yo también tuve fiesta de 15 y un viaje a Walt Disney Florida, que no
le llegó ni a la mitad a los festejos de Lola.
Algo que Lola heredó de su madre fue su buen cuerpo. Tenía un escote seductor sin ser provocador,
una cintura pequeña y curvas que todos volteaban a ver. Muchas veces me
descubrí a mi misma mirándola por las mañanas, mientras desayunábamos juntas,
me gustaba ver sus piernas desnudas sin un centímetro de celulitis y sus senos
transparentándose por su pijama. Lola tuvo varios novios en la secundaria y la
preparatoria, pero creo que jamás se enamoró de ninguno. Cada vez que me
gustaba alguno y empezábamos a hablar siempre terminaba interesado más por Lola
que por mí, y era a ella a quien le pedían el teléfono.
Al terminar la prepa decidimos estudiar juntas, y nuestro
plan fue estudiar fuera. Yo estudié bioquímica y Lola arquitectura. Nuestros
papás nos dejaron instaladas en lo que sería nuestro departamento, después de
mucho convencerlos de que seríamos responsables y cuidadosas pero que no nos
llevaran a una casa de huéspedes.
En el primer año de la Universidad nos pusimos nuestra
primera borrachera en serio, fumamos nuestro primer porro y tuvimos sexo por primera
vez. Yo lo hice porque creía que estaba enamorada y Lola por curiosidad. Lola
tuvo muchas más parejas que yo, y siempre le tocaban juniors que tenían coche y
le pagaban todo. Cuando salíamos a mí también me
invitaban, pero únicamente para que Lola se quedará más tiempo y no nos fuéramos
temprano.
En el último semestre de la universidad Lola conoció a
Marcos, un niño bonito del TEC. A los 3 meses ya se querían casar y estaban
locamente enamorados, o bueno él estaba locamente enamorado. Lola sólo cumplía
con el requisito que desde niña supo que tenía si quería llevar la fiesta en
paz con su mamá.
Durante seis meses no existió otra cosa más que la boda,
respirábamos, comíamos y cagábamos boda. El departamento era un campo de
batalla de muestras de tela, invitaciones, flores, arreglos, y demás
pendejadas.
-¿Qué sentimientos tenía hacia la occisa?- Pregunta el
oficial. Supongo que tendría que decir celos, y ¿Qué desde cuando los comencé a
sentir? pues tal vez desde que la conocí. Ése día creo que me convertí en una
sombra que nunca pedí ser y que jamás se iluminó. No soy ninguna víctima, yo
muchas veces elegí estar allí, pero es que nunca podía decirle no.
Ésa mañana nos vimos después de casi tres meses, meses
maravillosos para mí porque comenzaba a desaparecer ésa cosa innombrable atorada
en el pecho. Lola me llamó y quedó de ir a desayunar a mi departamento. Yo
estaba bastante ocupada por terminar la tesis pero de nuevo la sensación de no
poderle decir que no. Le sugerí vernos en un café a la vuelta de mi casa, pero
insistió ¡tan terca como siempre! que mejor en mi depa, así podíamos echar el
chisme más a gusto ¡Que diferente historia si hubiera aceptado ir al café!
Llegó dos horas más tarde y comenzó a hablar de lo maravillosa
que fue la luna de miel. Habían ido a un crucero de lujo por Europa que los
papás de Marcos habían pagado. Volver a
la Torre Eiffel fue lo mejor del mundo. -Porque no fue lo mismo conocerla en un
viaje de quinceañera que colgada del brazo de tu marido.- Me dijo. Las fotos
eran espectaculares, dignas para estar en la portada de la revista Quién.
Al terminar la milésima anécdota hizo una pausa y tomó un
sorbo de café mientras hacía una mueca que probablemente era un intento de
sonrisa, y antes de que comenzara a contar la siguiente sentí como si el botón
que regula la olla express saliera disparado. No podía seguir escuchando otra
historia de la maravillosa vida de Lola, tenía que parar ésa tortura. La sangre
me subió como lava ardiendo, las manos parecieron cobrar vida propia y mi
cerebro se inundó de una ola gigante, donde la razón quedo sumergida por el
odio.
Salté por encima de la mesa, y comencé a jalarle su corte de
600 pesos, la empujé varias veces contra la mesa, el sillón y luego la pared.
Las dos gritábamos como locas, y de repente un golpe. Luego llegaron enfilados los
puntitos negros hasta quedar en negro total.
15 nov 2012
El amor y sus escalas
Entró a la pizzería y con una sonrisa me pidió que le
vendiera una cerveza. Sentí un hormigueo acompañado de una sensación de calor en
lo bajo. Lo miré a los ojos, sonreí un poco y le di su cambio mientras
hablábamos de cosas sin importancia.
Ojalá que Luis me prendiera todavía como lo hace él, pensé.
Imaginé lo que sería tener una aventura, aunque yo misma había dicho a veces en
broma y otras en serio que no perdonaría una infidelidad. Las cosas estaban tan
jodidas últimamente que me pareció divertido coquetear con el chico que vivía unos
cuantos pisos arriba en el mismo edificio del local; era como subirse a una
montaña rusa cuando las vueltas del carrusel ya te marearon.
Odiaba mi chamba y tener que tolerar a mi jefe y
compañeros, pero era el precio a pagar si quería estudiar y vivir por mi
cuenta. Hacía 2 años mi mamá lo había dicho claro: Si te quedas aquí, es bajo
mis reglas. La verdad es que nunca me gustó seguirlas, o quizá sólo fueron mis
ganas de vivir un amor libre con Luis.
Ésa noche me invitó a una pequeña fiesta en su
departamento. -Algo tranquilo, ¿Por qué
no le caes cuando salgas de aquí?- preguntó. Al entrar percibí un olor a
cerveza y hormonas. Me presentó al par de chicos y chicas que estaban, mientras
aceptaba una cerveza para ir durmiendo la conciencia.
El departamento me gustó porque era sencillo y sin
rebusques, a diferencia de mi casa; bueno de Luis y mía. Durante un rato observé
como atendía a los demás haciéndolos sentir cómodos y demostrando autoridad
provocando de nuevo ésa sensación de calor.
Hablamos lo suficiente para sentir que ya nos conocíamos de
antes y generar la confianza efímera que acompañará el resto de la noche. Sentí
su mirada sobre mi escote subiendo por mi cuello y parando en mis labios. No
recuerdo la hora exacta pero ya entraba la madruga cuando él se fue acercando
mientras yo cerraba los ojos. Me besó intenso, salvaje y largo. Sentí sus
labios y como jugaba su lengua con la mía, mientras nuestros sabores se
reconocían.
¡Qué sensación tan extraña!, me decía a mí misma una y otra
vez. Fui abrigando su piel de a poco mientras las máscaras y capas iban cayendo
de a una. Sus besos llenaron mis orejas y
mis hombros hasta perderse por mis muslos. La luz de la calle se coló por la
ventana iluminando su tatuaje de flores que sobresalía por su cadera y subía
hasta desvanecerse por las costillas. La energía fue concentrándose hasta
sentir un hormigueo por todo el cuerpo escapando finalmente en la forma de un suave
quejido.
Me quedé un rato acostada a su lado repasando cada imagen mientras
la guardaba en algún lado de mi alma. Terminé de vestirme y me acompaño hasta
la puerta donde esperaba mi taxi. No hubo necesidad de decir nada más.
A la mañana siguiente desperté en mi cama con las nuevas
sensaciones agolpadas en mi memoria. Luis me llevaba té y un par de galletas a la orilla de la cama y yo solo atiné a responderle con un beso tierno y lleno de
costumbre.
9 nov 2012
31 oct 2012
Ruta 42
1 Negación
El sonido de la alarma a las 6 a.m. lo
despertó de un sobresalto. Poco a poco su corazón acelerado se tranquilizó y
distinguió que el bip bip no era el aviso de que alguien estaba por cruzar al
otro lado, como había visto tantas veces el tiempo que estuvo en el hospital.
Estaba frente al edificio de paredes
blancas y azules que llamaba escuela, sintiéndose bien. -¿Bien?- Se preguntó.
La respuesta fue: Bien, estás bien Oscar, no le hagas al cuento. Durante todo
ése día sintió miles de ojos clavados en cada uno de sus gestos y movimientos.
– ¡No entiendo porque tanto argüende!
Sí, si estuvo bien feo, pero ya que lo superen-. Le dijo con voz autónoma a
Manuel, su compañero de taller.
Cada vez contó un poco más corta la
versión a quienes se atrevieron a preguntarle ya fuera por confianza,
curiosidad o morbo. Su bolita de amigos se había juntado a hacer un trabajo en
casa de Ana, se les hizo tarde y se subieron al camión. Algo pasó y estaban atorados en las
vías del tren, mucha gente intentaba salir mientras que otros gritaban, rezaban
o lloraban. Llegaron muchos paramédicos, se desmayó y despertó en una cama lleno
de tubos.
Los siguientes meses todos siguió más
o menos normal. Entró de nuevo al club de ajedrez de la escuela no fue difícil,
contando que solo eran 3 miembros, siguió sin entenderle a física y bueno pues se
sintió “bien”.
2 Ira
- ¡Córrale profe! Se están dando unos buenos
atrás de las canchas.
- Profe, vaya rápido porque uno ya
trae mucha sangre. ¡Se están pegando bien feo!
Con la camisa llena de manchas de
sangre y la mejilla que parecía una fruta magullada esperaba el castigo
acompañado de sus papás.
- ¡Mira nada más como dejaste a Luis, Oscar! Va a necesitar puntos- Le dijo el director. El regaño no paso de ahí y únicamente lo suspendieron 2 días.
- ¡Mira nada más como dejaste a Luis, Oscar! Va a necesitar puntos- Le dijo el director. El regaño no paso de ahí y únicamente lo suspendieron 2 días.
Ésa fue la primera de varias peleas
que Oscar tendría en los meses que faltaron para que terminara el año escolar,
entre ellas hubo una con un profesor.
Oscar sentía que todo le molestaba,
era como si siempre algo lo incomodara, como traer una piedrita en el zapato
todos los mendigos días, y no poder sacarla.
3 Negociación
-¡Ay Oscar! Espérame tantito ¡no te
enojes!- Le dijo Ana con ése tono del norte que tanto le gustaba. Él siguió
caminando, ya no estaba enojado pero quería que sufriera un poco, porque en el
fondo le dolió que no siempre lo tomara en cuenta. De repente se frenó, volteó
y le plantó un beso fuerte en la boca. Los dos soltaron una carcajada.
Despertó sudando y con la boca seca,
nunca había soñado con ella desde el accidente. Ojalá hubieran tenido chance de
pasar más tiempo, darse un beso largo de esos que tanto les gustaban. A veces jugaban
a besarse minutos y minutos y cuando abrían los ojos era como si volvieran de
unas vacaciones. El ojalá y el hubiera comenzaron a llenar su cabeza todos los
días y a todas horas.
4 Tristeza
Se observó frente al espejo de pared
que había en el baño. Ya llevaba unos meses en la universidad. El reflejo le
regresó unos ojos en los que no pudo ver
nada más que un vacío que lo llevaba cada vez más y más a un lugar donde la
puerta de salida se veía menos y menos cerca.
Todos los días parecían lo mismo. No
había conocido a casi nadie y estaba seguro que cuando decían “el zombie” se
referían a él.
5 Aceptación
Por alguna razón ese día decidió tomar
la ruta 42, hacía más de un año que no lo tomaba. Mientras hacía el recorrido
una marea de sensaciones lo fue inundando; el miedo de saber que el camión
estaba parado justo frente a una maquina de vagones que venía hacía ellos y no tenía
intención de frenar; y los vacíos de memoria que no había podido cubrir, era
como si el guion de ésa historia, su historia, siempre le faltará una hoja.
Pidió la parada y al bajar se sentó frente a un puesto de periódicos. No supo
cuanto tiempo estuvo ahí, pero cuando regresó ya era un poco tarde y el sol
comenzaba a ocultarse.
No sabía muy bien que pasaría, pensó
un momento en Ana, y luego en Daniel, Paco y María en como ya no estaban y él
sí. Tuvo la sensación de que algo grande lo estaba esperando si no por qué otra
razón esperaba de nuevo la ruta 42.
19 oct 2012
Friday i´m in LOVE
Tanto te quise que me tomé 1 año para dejar de pensarte todos los días a la mañana...
7 sept 2012
ANÉCDOTA 1
¡Sí funciona!, es igualito a
una tormenta y así es como se vería en realidad.-Le dijo con tono de voz seria,
la misma que usaba siempre que trataba de convencerla de cualquier cosa,
especialmente para intercambiar juguetes a cambio de inventos.
Las cosas siempre fueron así,
al menos los años en los que crecieron juntos. Se llevaban exactamente 1 año y
19 días, él era el mayor. Sus primeros años los pasaron jugando durante mañanas
y tardes enteras en casa de la abuela, Mama Ito.
Comenzaron la guardería con la
maestra Paty, y en el festival del día de la raza él fue disfrazado como
cowboy, seguramente porque era pecoso y güerejo mientras que ella fue de china,
cualquiera que vea hoy ésa foto se dará cuenta que la idea no le pareció mucho
por la trompa parada y el ceño fruncido.
En Kinder entraron juntos a un
colegio de monjas. La parte favorita de ella era el delantal de rayas azules y
blancas y las estrellitas que iban cosidas a éste, para él fue el patio enorme del
recreo, donde podía hacer de las suyas todos los días. A la hora de la salida los
recogía Mama Ito y el abuelo, Papa Toño en la camioneta de caja amarilla, la
misma que usaba para vender zapatos a Putorreón.
Ésa tarde habían estado
jugando, otra vez, a los playmobil de la granja. Tenían los trabajadores, animales,
establo, granero, cercas y otras cosas más que habían ido recolectado de aquí y
allá para completar el juego. Él como era de esperar era el granjero jefe que daba
órdenes a todos los demás mientras que ella aceptaba ser los granjeros
trabajadores.
Poco antes de que llegasen sus
mamás del trabajo, el güerejo ya se había aburrido y entonces peligrosamente
empezó a idear. Fue ahí cuando se le ocurrió la idea de la tormenta, que
básicamente era un frasco de gerber, arena y sal. Él se había encargado de
recolectar la tierra en el baldío de al lado y ella de tomar prestada poquita
sal de la cocina.
Agítalo otra vez si quieres,
la verdad está bien padre, ¿A poco no?. Ella
veía atentamente el frasco de tormenta y después su juego de pelotas azul, roja
y morada, y viceversa.
En la tarde noche cuando iba
rumbo a casa en el bocho blanco con su mamá, le pregunto ¿Y ése frasco May?- Ah
pues es una Tormenta que me gané.
Y así fue como de nuevo, ella
ganaba un invento mágico mientras que su primo favorito otro juguete más para
su ya grande colección.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)